Pánico para bodas

junio 21, 2007

Hoy vengo a dar algunas ideas de cómo desestabilizar y limar la moral de los heteroinvitados de una boda pija.

– Acude a la iglesia en pantalón vaquero y tacones, y con un bolso que no vaya a juego con los zapatos. Habrá gritos de ‘ohhhhh!’, y ‘aaahh!’, pero tú resiste. Recomiendo llevar un frasquito de sales por si la madre de la novia es hipotensa, porque nuestra intención es transgredir, no provocar colapsos cerebrales.

– Reivindica tu derecho a besar a la novia. En los morros.

– Cuando vengan a repartirte el alfiler y la bolsita de peladillas, exige tu puro (da igual que no fumes).

– Si todas las chicas de tu mesa piden Baileys, tómate un brandy, una copa de orujo o un whiskey solo con hielo. No olvides dejar propina al camarero.

– Abandona el convite del brazo de la tía más maciza de toda la fiesta. Aunque tengas que emborracharla y llevarla a su casa a dormir la mona. Lo que cuenta es el qué dirán.

Para continuar con nuestra idea de sutileza y discrección, recomiendo que todas estas acciones siempre se lleven a cabo dentro de grupos reducidos. No llaméis la atención más de lo necesario. No le pidáis a la orquesta tres veces seguidas una canción de Alaska, o de Locomía. Vuestro objetivo ha de ser más bien atacar a los enemigos por separado, que es cuando más frágiles son.

Ale, ya me contaréis.

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El pánico está servido

junio 14, 2007

Me he propuesto crear un ejército bollo para luchar por nuestros derechos, por la libertad, por la visibilidad, por la normalización, para protestar por el precio de los tampones y los panchitos (sí, los panchitos, qué pasa) y para dominar el mundo (risa maquiavélica). Lo normal, vamos.

Después de darle vueltas y vueltas a la estrategia militar he decidido que lo más eficaz será el ataque subversivo. Vamos a minarle la moral a esos heteros. Quiero despojarlos de sus certezas, hacer que sus cimientos se tambaleen, que duden hasta de sí mismos. En resumen: ¡¡¡vamos a sembrar el CAOS!!! (misma risa maquiavélica que antes).

Lo que pasa es que una siempre ha sido sencilla a la par que elegante, firme partidaria de que se puede ser bollo a la vez que sutil. No os creáis, la experiencia me dice que esto tiene sus ventajas. Píntate los pelos de verde y no te dejarán entrar en la mayoría de fiestas y saraos (yo lo hice; dos veces). Hazte pasar CASI por uno de ellos y tendrá acceso a los ambientes más distinguidos, a todo el centro de operaciones del enemigo. Una vez allí podrás atacar donde más duela.

Tranquilas, lleva su tiempo asimilar todo esto. Pero aquí estaré a partir de ahora como líder espiritual. La pregunta es: ¿estáis conmigo… o contra mí?