Palabras, palabras…

junio 11, 2007

– ¿Qué dices que tienes?
– Infierno interior.
– Pero si tú no has tenido una sola preocupación en toda tu vida.
– Preocupación no, pero infierno interior sí que tengo, y mucho. Y no sabes tú lo bien que me va. Antes yo vivía en la inopia pensando que era feliz. […] No digo que esté mejor que antes, pero convivo con mi propio horror, que es cosa sine qua non de toda mujer lúcida.
– ¿Y en qué consiste esta lucidez?
– Que me he hecho tortillera vocacional.
[…]
– Tortillera es despectivo, por si no te habías enterado.
– Despectivo no es, porque me lo aplico a mí misma y yo tengo demasiada autoestima para insultarme. De modo que si digo tortillera es que está divinamente dicho.
– Lesbiana sería más respetuoso.
– Induciría a equívoco. Sé de muy buena tinta que viene de una poetisa o dramaturga o algo así que vivía en la isla de Lesbos, de donde el nombre de lesbiana. Pero resulta que, en la misma isla, los habitantes masculinos se llaman lesbianos. Y está muy claro que lo que era la poetisa podía serlo también un picapedrero. Entonces, si para definirme digo que soy lesbiana no quiere decir nada, porque también puede serlo cualquier otro habitante de aquella isla. Es como decir soy alicantino o alicantina que significa ser de Alicante y nada más, ¿comprendes?

“Garras de astracán”, de Terenci Moix.