Lección nº1: Códigos visuales.

junio 10, 2007

Analicemos la mirada de una no-bollo corriente. En su día a día (el trabajo, el súper, la peluquería, la iglesia, la reunión de AA) vienen a decir algo así como:
– Aquí estoy.
¿Es usted bollo y mira de esa manera? Mal.

En la etapa de celo y/o apareamiento, la no-bollo sustituirá ese inocente mensaje por otro mucho más práctico, del tipo:
– Ven pa’cá moreno.
¿Es usted bollo y también mira así? Muy mal.

Partamos de una premisa básica: sus ojos dicen más acerca de usted de lo que, por lo general, usted dice de sus ojos. Es innegable que existe un código de comunicación visual entre la hembra no-bollo y el macho heterosexual dominante (a partir de ahora, heteromacho). Prueba de ello son la cantidad de parejas rotas y de matrimonios fracasados: si esta gente hablara más en lugar de mirarse tanto, otro gallo cantaría.

Pero no estamos aquí para hablar de ellos, sino de nosotras. Voy a soltarles algo que sonará a verdad de perogrullo, pero que resulta tan necesario que a veces duele: para ligar con una bollo, primero hay que encontrar a una bollo. Así de simple y de complicado a la vez.

Para ello, qué mejor que contar con un código de reconocimiento visual propio. Estén atentas que se lo resumo:

En estado de reposo (en el Parlamento, en su sillón de la Academia, en su piso de diseño minimalista, en su despacho de Directora General), la bollo siempre la observará a usted diciendo:
– Ahí estás.

Y en estado de celo, que al fin y al cabo es lo que nos interesa, la bollo que quiera hacer honor a su condición homoerótica-festiva será capaz de transmitirle a usted un firme pero atrevido:
– Voy pa’llá, morena.

Parece fácil, ¿no? Ensayen, ensayen, y luego me cuentan.