Tecnología lo llaman…já

Julio 9, 2007

Despues de lo publicado por mi estimada compañera Miss Thermomix, verguenza me dá contar lo que a esta humilde colaboradora le aconteció ayer. Sólo la fidelidad debida a Miss Pepa y a este blog me obligan a superar la verguenza.

Sucedió, pues, que…

… Arco Iris está este mes cuidando a la tía abuela Gertrudis. La tía abuela Gertrudis es el castigo que Dios ha impuesto a la familia Arco Iris no se sabe muy bien por qué. El caso es que tía abuela Gertrudis tiene doce sobrinos, y cada sobrino cuida a tía abuela Gertrudis un mes al año. Hace mucho que tía abuela Gertrudis desheredó a Arco Iris por mor de su lesbianez, pero a los once primos no les parece que este sea motivo para excluirla también del deber de cuidadora.

Tía abuela Gertrudis vive en un pueblo de Cuenca donde no hay nada. Ni río, ni pajar, ni plaza del pueblo, ni mucho menos cine ni bares. Está, eso sí, el teleclub que sobrevive para que la generación de tía abuela Gertrudis vaya a ver “el parte” todas las noches. En realidad da igual, porque ArcoIris tampoco podría disfrutar de ninguna diversión que el pueblo pudiera ofrecer, porque allí está tía abuela Gertrudis para impedirlo.

Este año, como novedad, hay cobertura para el móvil en el pueblo. Por eso se me ocurrió alegrar la velada de Arco Iris con unos mensajes picaruelos.

Y allí estábamos, alegremente, mensajeando guarradillas cuando tuve una idea aún mejor si cabe: fotografiarme las tetas con mi mismo móvil y enviarselas. En ese momento parecía muy buena idea, ya digo.

Tras varios ensayos conseguí una foto perfecta bien encuadrada y definida, nada borrosa, y la envie acompañada de lo que yo juzgué, un ingenioso texto. A saber:

H, a k no sbes d kien son????

Y… no sé… Debió de ser el calor del momento… O mi subconsciente… Qué sé yo… el caso es que le dí a un botón… y no me pregunteis cómo… Pero mandé mis tetas a toooooda la agenda…

A mamá, a papá, la mis hermanos, a mi jefe, a la subdirectora, al profesor de inglés, a amigos que hace años que no veo, a los que veo todos los días, al fontanero, al de la tienda de sofás, a mi dentista, a una señora que limpia en casa de mi madre…

Y todos, sin excepción, sabían responder a la pregunta.


Hola, soy Dallow

Julio 2, 2007

Hola, me llamo Dallow, diminutivo de Dalloway. Soy la clásica bollo corriente.

Cuando tu madre tiene la genial idea de bautizarte Dalloway lo normal es que salgas lesbiana. Os preguntareis… Pero, hija mía ¿cómo te ha caído en suerte semejante nombre? Pues por culpa de la tómbola parroquial. Estaba mi madre embarazada cuando en la tómbola parroquial le tocaron las obras completas de Virginia Wolff. Y… Halaaa, todo el embarazo con Virginia. Y el caso es que yo me adelanté un mes… y no tenían aún pensado mi nombre… Y mi madre soltó lo primero que se le vino a la cabeza… Que fue lo último que había leído… Dalloway…

Y es un nombre que te impide pasar desapercibida, y mucho menos en el mundo bollo. Porque si en una habitación hay cien mujeres es fácil para mí reconocer a las diez lesbis: son las diez que levantan sus diez cejas (izquierda o derecha, según sean zurdas o no) y se miran entre ellas cuando digo mi nombre.

Y así, a lo largo de mi vida, innumerables bollos han intentado ligar conmigo por mi nombre. Mi especialidad, ya lo supondreis, es el bollo pedante.

Y no es que yo no quiera ligar, pero es que soy de ciencias. Y lo que yo quiero hacer en los bares es bailar y beber. Que no quiero hablar de literatura inglesa. Que no quiero debatir sobre la historia del feminismo. ¡¡¡Que yo lo que quiero es cogerme un ciego y morrearme con una que esté bien buena!!! Pero nada, no hay manera, es que digo mi nombre y allí está el bollo intelectual, dispuesta al diálogo… Y allí está, el culo del bollo gimnástico, alejándose…

Madre, ¿por qué no me llamaste Navratilova?