Hoy vengo a dar algunas ideas de cómo desestabilizar y limar la moral de los heteroinvitados de una boda pija.
- Acude a la iglesia en pantalón vaquero y tacones, y con un bolso que no vaya a juego con los zapatos. Habrá gritos de ‘ohhhhh!’, y ‘aaahh!’, pero tú resiste. Recomiendo llevar un frasquito de sales por si la madre de la novia es hipotensa, porque nuestra intención es transgredir, no provocar colapsos cerebrales.
- Reivindica tu derecho a besar a la novia. En los morros.
- Cuando vengan a repartirte el alfiler y la bolsita de peladillas, exige tu puro (da igual que no fumes).
- Si todas las chicas de tu mesa piden Baileys, tómate un brandy, una copa de orujo o un whiskey solo con hielo. No olvides dejar propina al camarero.
- Abandona el convite del brazo de la tía más maciza de toda la fiesta. Aunque tengas que emborracharla y llevarla a su casa a dormir la mona. Lo que cuenta es el qué dirán.
Para continuar con nuestra idea de sutileza y discrección, recomiendo que todas estas acciones siempre se lleven a cabo dentro de grupos reducidos. No llaméis la atención más de lo necesario. No le pidáis a la orquesta tres veces seguidas una canción de Alaska, o de Locomía. Vuestro objetivo ha de ser más bien atacar a los enemigos por separado, que es cuando más frágiles son.
Ale, ya me contaréis.
Escrito por Dra. Caos 